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Tránsito a la TDT en América Latina

Colombia, escaparate de Europa para América Latina

Mientras que Estados Unidos, Japón y gran parte de los países europeos culminarán su proceso de transición de la televisión analógica a la digital a finales de esta primera década del siglo XXI (Estados Unidos lo ha hecho ya en el mes de junio de 2009), América Latina no terminará su propia transición hasta bien entrada la segunda década de este siglo. La mayor parte de países latinoamericanos llevan varios años haciendo estudios y pruebas técnicas sobre los diferentes sistemas tecnológicos que se están disputando el mercado mundial, un proceso dilatado en exceso que a duras penas ha logrado encubrir, en muchos casos, las dudas y presiones de índole política, o político-económica, que han rodeado el proceso de toma de decisiones.
América Latina ha sido escenario, durante los últimos años, de una dura confrontación de estándares para el desarrollo de la TDT entre las normas desarrolladas en Estados Unidos (ATSC), Japón (ISDB-T) y Europa (DVB-T), mientras que China ha sido la última en hacer acto de presencia en el escenario latinoamericano con su estándar propio (DMB-T).
El sistema de origen europeo DVB (que cuenta con desarrollos para todos los sistemas de transmisión de televisión vía terrestre –DVB-T-, por el cable o el satélite –DVB-C o DVB-S- o a través de receptores móviles –DVB-H-, y tiene además otras especificaciones propias para servicios interactivos y multimedia, de acceso condicional o a través del protocolo Internet) ha sido adoptado ya por 121 países (el 54% de la población mundial). A sus ventajas técnicas, la norma europea suma las propias de una economía de escala ya que se han vendido con estas siglas más de 300 millones de receptores en el mundo y, de ellos, más de 30 millones en el mercado español.
Sin embargo Europa no ha sido capaz de frenar hasta ahora el efecto Lula, el huracán político-económico que recorre el cono sur latinoamericano impulsado por el presidente brasileño y que, a través de una adaptación autárquica de la norma japonesa para la TDT, ha conseguido trasladar a otros países de la zona la idea de un cierto nacionalismo tecnológico latinoamericano. Esta justificación política le era imprescindible a Brasil para ampliar su mercado interno que de otra forma resultaría insuficiente para conseguir economías de escala. Pero también era de gran interés para Japón dado que, hasta ese momento, su norma ISDB no había podido traspasar las fronteras de su país.  En esta línea, el Gobierno de Venezuela, a través de su responsable de Ciencia y Tecnología, justificaba su decisión a favor de este modelo híbrido japo-brasileño como el camino a seguir por parte de todos los países latinoamericanos que quieran apostar por  la independencia tecnológica de la zona. La situación creada es realmente paradójica ya que mientras que DVB es una norma abierta, con proveedores ubicados en todos los continentes, la brasileña sólo permitirá adquirir equipos fabricados en Brasil o Japón, sin que otros países latinoamericanos puedan pensar, hoy por hoy, en adquirir receptores digitales fuera de estos mercados.
La idea de una cierta ‘descolonización’ tecnológica no es nueva, aunque la novedad estriba en los cambios que se están produciendo en el orden internacional y en el papel que Brasil está adoptando de manera cada vez más abierta para liderar el proceso de integración latinoamericano, más allá de Mercosur, y situarse como uno de los actores de la escena política y económica global. Incluso desde posiciones políticas más moderadas también se han dejado sentir voces, como la del ex-presidente chileno Ricardo Lagos,  de que, al final de la actual crisis económica, América Latina debería avanzar con una voz única en un mundo globalizado.

Guerra de estándares para la TDT

A lo largo de 2009, la guerra de estándares para la implantación de la TDT en Latinoamérica se ha visto reducida casi a un mano a mano entre la variante brasileña del sistema japonés, rebautizada ahora como ISDBT-Int, y el estándar europeo DVB, con el lobby norteamericano de ATSC en retirada y un modelo chino que ha llegado a la región con cierto retraso. Después de que Colombia se hubiera decantado en agosto de 2008 por utilizar DVB-T en su transición digital, había fundadas esperanzas de que otros países de la región siguieran sus pasos. Las opciones de la alianza entre Japón y Brasil no habían conseguido convencer al resto de países. Parecía en ese momento que el tablero latinoamericano de la TDT empezaba a decantarse hacia la norma DVB.
Sin embargo, unos meses después, la situación ha cambiado radicalmente. Excepto dos pequeños países centroamericanos (El Salvador eligió, sin pruebas previas, en marzo de 2009, la norma norteamericana ATSC y Panamá, que tras dos años de evaluación adoptó  la europea DVD-T en mayo de ese mismo año) el resto de países del cono sur americano han optado por seguir a Brasil en su aventura tecnológica. Entre abril y octubre de 2009 Perú, Argentina, Chile y Venezuela han comunicado oficialmente su adscripción al Sistema Brasileño de TV Digital (SBTVD). En marzo de 2010 se les ha sumado Ecuador, seguido unos meses más tarde por Costa Rica y a primeros de junio por Paraguay..
Las misiones político-comerciales enviadas por la Comisión Europea o por algunos países a título individual (caso de España, con el apoyo del ICEX, o de Francia) hacia América Latina no han conseguido su propósito y, a falta de que otros países como Bolivia hagan pública en los próximos meses su decisión sobre el modelo a implantar, el estándar europeo DVB se ha quedado reducido, de momento, a Uru-guay, Colombia y Panamá.
Para las empresas europeas (y en particular para algunas es-pañolas) las últimas decisiones suponen un revés muy importante a sus expectativas de crecimiento en el mercado latinoamericano. Según datos de AETIC, la patronal de la industria de las telecomunicaciones, en España se fabricaron equipos por valor de 200 millones de euros en 2008 y la mitad de esa producción se exportó a Latinoamérica. La cadena de decisiones de los últimos meses en favor del sistema brasileño de transmisión digital puede afectar negativamente a las expectativas comerciales de todo el sector TIC en España. Planes para el despliegue de las nuevas redes de la TDT así como para la digitalización de equipos de producción y transmisión también podrían verse negativamente afectados por el resultado de esta toma de posición en la que el componente político ha tenido un peso decisivo.

Europa se juega ahora su credibilidad tecnológica

Por su parte, los socios europeos en América Latina -Colombia, Uruguay y Panamá- también se juegan mucho en este reto digital. A las dificultades intrínsecas que la propia transición audiovisual supone en cada país se une, en estos casos, la elección de un modelo tecnológico diferente al de la mayor parte de sus vecinos. En el caso de Uruguay, donde la presión de Brasil sobre el nuevo gobierno está siendo bastante fuerte, el contraste es más evidente dada su situación geográfica y sus relaciones comerciales dentro de Mercosur.
A pesar de ello, el proceso de transición digital en estos países puede representar una oportunidad para actuar como el mejor escaparate para la tecnología audiovisual europea. El impulso político de Brasil todavía no se ha plasmado en realidades económicas para los países que han aceptado su liderazgo tecnológico. Para la industria europea, una transición digital exitosa en Colombia y en los otros dos países latinoamericanos que, hasta el momento, le van a acompañar en la implementación de la norma DVB supondría el mejor aval ante los demás países de América Latina. La interconexión de mercados va a permitir muy pronto comparar precios y resultados. Un despliegue rápido de la TDT, y que cumpla razonablemente con las expectativas creadas, podría, incluso, hacer reconsiderar algunas decisiones políticas si el modelo brasileño no despega o no lo hace a la velocidad adecuada en los países que se han acogido a su estándar. En Panamá, el pasado 10 de diciembre, cuando sólo habían transcurrido siete meses desde la elección de la norma DVB, comenzaron las emisiones en TDT del canal público SERTV. El presidente panameño Ricardo Martinelli enfatizó que este año se destinarían más de 7 millones de dólares para extender por todo el país la cobertura que ahora se concentra en la zona de Ciudad de Panamá. Se abre pues una oportunidad cierta para las empresas españolas que allí tienen gran prestigio.
Atrás queda un análisis sobre lo que se debería haber hecho en el campo de las relaciones políticas y económicas para conseguir introducir en toda América Latina el estándar DVB, que está más desarrollado técnicamente que el brasileño y ofrece mejores precios, por economía de escala, para su implantación masiva en el cono sur. El peligro, en este caso, no venía del vecino del norte, del estándar ATSC patrocinado por Estados Unidos, el país que había dominado tecnológicamente toda la época de la televisión analógica latinoamericana, sino que estaba en la emergente capacidad de liderazgo político-económico de Brasil como nueva potencia regional de la zona y en las ayudas del Banco Internacional de Cooperación de Japón.
De cara al futuro, la suerte de Europa como marca tecnológica capaz de competir con Estados Unidos, Japón y China se puede ver comprometida por lo que ocurra en estos países. Un fracaso, que el proyecto de transición colombiana a la TDT se estancara o no cumpliera con las expectativas, sería como un torpedo a la línea de flotación de la tecnología europea en el subcontinente latinoamericano. Hasta ahora, la oferta europea de cooperación que se presentó para apoyar a la elección de la norma DVB no parece haberse cumplido según reclaman las autoridades colombianas. Y este supuesto incumplimiento afectaría a la credibilidad de la cooperación europea en ese país y, por ende, en la región.
La Comisión Europea ha anunciado ya la próxima apertura en Bogotá de una Oficina Técnica (dentro de su nueva política de reforzamiento del servicio exterior comunitario) para apoyar en este proceso de transición a los países que han elegido el estándar europeo de televisión digital. En un momento de incertidumbre y de crisis como el actual, la posibilidad de estar presente en el desarrollo tecnológico de la televisión del futuro en una parte del globo tan cercana a nosotros desde un punto de vista cultural y lingüístico como América Latina es una apuesta muy valiosa para el sector español de las telecomunicaciones.

Txt: Antonio Moral
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