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Tipologías de transmisión: TDT, Satélite y CDN

Interconexiones de redes de internet en todo el mundo

El broadcast está cambiando, es un hecho. Y uno de los ámbitos en los que hemos visto una evolución progresiva ha sido en los medios por los cuales las imágenes llegan hasta nuestros hogares. En TM Broadcast analizamos tres de las tipologías de transmisión mayoritarias: la TDT, el satélite y la CDN.

Por Yeray Alfageme, Business Technology Manager Olympic Channel

 

La TDT

A finales del siglo XX vivimos una transformación en el método mediante el cual recibíamos las imágenes de televisión en nuestros hogares. Pasamos de recibir imágenes analógicas a través de una antena en el tejado a que estas fueran digitales. Nació la TDT, Televisión Digital Terrestre. Este cambio supuso un considerable aumento tanto en la calidad de las imágenes recibidas – en el olvido queda ya el ver la imagen con ruido con extrañas sombras-, como en la cobertura. Hace falta menos señal y de menor potencia con lo que esto permite llegar a más lugares de nuestra geografía. También afectó a la oferta, ya que en el mismo espacio radioeléctrico la tecnología digital permite alojar muchos más canales.

El aumento en la calidad de la imagen fue evidente, sin entrar en el aumento posterior de definición con la llegada del HD. Esto fue posible gracias a que las señales de TV digitales son menos propensas a sufrir interferencias y los receptores digitales permiten recibir la señal de una manera más robusta que sus hermanos analógicos. El cambio no fue tan evidente quizá en las ciudades, aunque zonas de las mismas que no disponían de una óptima recepción pasaron a poder disfrutar de una mejor imagen. Sucedió igual en el entorno rural: lugares con típicamente peor cobertura de señal de televisión sufrieron un drástico cambio, a mejor en la mayoría de los casos. Y decimos que en la mayoría de los casos porque hubo lugares, hasta que la red de distribución de televisión mejoró, que pasaron de ver a duras penas la imagen, ya que con escasa señal y calidad la televisión analógica permitía recibir la imagen, aunque fuera entre ruido y pérdidas, a no recibir nada ya que, como buen entorno digital, la señal de TV hoy día o se ve o no se ve, no existe un punto intermedio.

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También hubo un automático aumento de la cobertura geográfica con el cambio de tecnología, ya que hace falta mucha menos potencia para recibirla. Un canal analógico de TV necesitaba en torno a 90 dB para poder ser recibido con óptima calidad mientras que un canal digital basta con 60 o incluso 40 dB para poder verse, siempre perfectamente. Esto implicó que muchos rincones pasaran a poder recibir una señal que antes no llegaba. Al tratarse de una red terrestre, cuyos medios de transmisión de la señal se sitúan en tierra, dependemos, y mucho, de la cercanía y calidad con la que recibamos la señal de nuestro emisor más cercano. Dependiendo de la topología del terreno esto hace muy costosa la red, ya que en entornos complicados debemos disponer de múltiples emisores para poder cubrir correctamente dicha área. Como luego veremos, esto supone una de las grandes diferencias entre la TDT y los otros medios de transmisión que estudiaremos.

Y otra de las mejoras fue en la oferta, ya que la cantidad de canales de los que podemos disponer gracias a la implantación de la tecnología digital es mucho mayor que con los antiguos canales analógicos. Un canal analógico de televisión en definición estándar, recordemos que hubo países como Japón que llegaron a transmitir canales en alta definición antes de dar el salto a la tecnología digital, ocupaba un ancho de banda de 8 MHz. Este canal de transmisión analógico pasó a llamarse multiplex, ya que permitía incluir en el mismo más de un servicio digital de transmisión, con lo que se llegaron a poder emitir hasta 5 canales digitales y algún servicio de radio en el mismo espacio radioeléctrico donde antes tan solo cambia un único canal de televisión. No se llegó a multiplicar por cinco la oferta: fueron en torno a un triple de canales los que vimos aparecer, ya que la implantación fue progresiva e inicialmente no había el mismo espacio para los canales digitales como para los analógicos. Sin embargo, a día de hoy, podemos hablar de una aumento significativo una vez que la transición al mundo digital ha finalizado y, aún con la implantación de canales en alta definición – los cuales requieren de mayor ancho de banda evidentemente-, sí que podemos hablar de que disfrutamos de 5 veces más canales de televisión en la TDT que en la red analógica anterior.

Sin embargo, hay ciertos aspectos de las redes de TDT que hay que tener en cuenta a la hora de usar este tipo de sistemas para la distribución de la señal. Normalmente son de titularidad pública, lo que implica que son entornos fuertemente regulados y la creación de nuevos servicios, como canales, suele ser lenta y tediosa. Además, como adelantábamos anteriormente, su implantación es costosa, y esta es una de las razones de que sean de titularidad pública. Al tratarse de emisores de señal ubicados en tierra, la inversión en la red de distribución de señal hasta ellos y el número de emisores necesarios para cubrir una gran audiencia son costosos y difíciles de implementar en la mayoría de los casos.

Estos dos aspectos principalmente hacen que métodos como el satélite o las redes de distribución de contenido, CDNs por sus siglas en inglés, sea más convenientes en determinados casos.

 

El satélite

De manera simultánea a la distribución terrestre de televisión, tanto analógica como digital, apareció otro método de hacer llegar las imágenes hasta nuestros hogares: el satélite. Inicialmente se trataba de un método mucho más global, ya que un único emisor permite cubrir una zona mucho más amplia de cobertura y, debido al método de modulación utilizado, la pérdida de calidad era mínima.

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Un sistema de transmisión vía satélite básicamente se compone de un centro emisor en el cual se recibe la señal o señales que queremos transmitir y desde el cual se hacen llegar dichas señales hasta el satélite en el espacio. Todos los procesos de codificación, compresión, multiplexación y adaptación de la señal al medio se realizan en este centro en tierra para simplificar los sistemas del satélite, ya que realizar cualquier labor de mantenimiento o reparación sobre estos en tierra siempre va a ser mucho más barato y sencillo que realizarlo en el satélite a varios miles de kilómetros de distancia. Si no, que se lo pregunten a la NASA cuando tuvieron que subir a reparar el telescopio espacial Hubble al poco tiempo de haber entrada en servicio, toda una hazaña.

El satélite tan solo se encarga de recoger estas señales enviadas desde el centro emisor en tierra, cambiar su frecuencia de trabajo y volver a enviar a tierra en la zona geográfica específica para la cual el sistema ha sido diseñado. El motivo de cambiar las señales de frecuencia es para evitar que las señales de bajada, mucho más potentes, interfieran con las de subida, y este proceso es realizado por los transpondedores del satélite, los cuales son sistemas relativamente sencillos. La limitación geográfica de alcance de un satélite se realiza modificando, literalmente deformando, la antena emisora del satélite para que solo cubra la superficie terrestre deseada evitando interferencias con otros satélites circundantes.

Para que esta huella sea constante los satélites deben ser situados en una órbita en la cual giren a la misma velocidad que la tierra lo hace respecto a su eje, y esto se consigue en la famosa órbita geoestacionaria, la cual está situada a 35.786 Km de altitud. A día de hoy, hay tantos servicios que requieren de esta órbita, que está empezando a estar realmente saturada y lanzar nuevos sistemas sobre la misma ya no es factible en determinadas zonas por riesgo de colisión.

Un emisor satelital siempre va a cubrir mucha más superficie y por lo tanto llegará a más población y más audiencia que uno terrestre, pero el control de su cobertura es más complicado ya que en los bordes de su huella bastará con antenas más grandes para poder recibir su señal, siempre hasta un límite, por supuesto. Por ello, el empleo de sistemas avanzados de codificación y control de acceso casi siempre son necesarios para evitar emitir en países adyacentes o en áreas no deseadas.

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Huella de cobertura del satélite Hispasat

Además, la implantación y mantenimiento de un satélite emisor de televisión es costosa y normalmente son empresas operadoras las que ofrecen estos servicios a los broadcasters, con lo que mantener servicios de emisión de TV vía satélite acaba resultando caro en el largo plazo. Una ventaja frente a la TDT radica en que en este caso el implantar nuevos canales y servicios es mucho más ágil y rápido, ya que el operador de satélite controla la capacidad del mismo y su configuración y, por ejemplo, el lanzar nuevos canales en torno a un gran evento deportivo como unas Olimpiadas o un mundial y apagarlo al finalizar el mismo se torna factible, algo que en la TDT es implantable.

Estos dos métodos de transmisión, con sus diferencias, son similares y fácilmente comparables. En términos de costes y cobertura, por ejemplo. Sin embargo, el método que veremos a continuación es un gran cambio respecto a estos ya que hace uso de redes no diseñadas para la transmisión de señales lineales de TV para transmitirlas y además permite una comunicación bidireccional: no solo el espectador recibe información en su aparato receptor, sino que también puede solicitar a la red que cambie y actúe de manera diferente en función de sus necesidades. Hablamos de las CDNs.

 

La CDN

Content Delivery Network. Red de distribución de Contenido. Una CDN no es más que una red de servidores de información conectados a Internet y distribuidos a nivel mundial, la cual nos permite acceder desde diferentes lugares del mundo al mismo contenido de manera simultánea y de manera fiable. Existen CDNs regionales, pero son minoritarias. Sin este tipo de redes, hoy día no se podría entender Internet tal y como lo conocemos, ya que casi cualquier contenido que visitamos en la red llega a nosotros gracias a una CDN que nos lo sirve cerca de nuestra localización.

Por supuesto, uno de los usos mayoritarios de estas redes es el de servir contenido audiovisual, ya que este necesita mucha mayor cantidad de información para ser transmitido, y en consecuencia, optimizar la transmisión de esta información a través de este tipo de redes es imprescindible para poder hacernos llegar la cantidad de servicios disponibles.

Entornos como Youtube, Netflix e incluso las redes de distribución de televisión de operadores como Movistar y Vodafone, hacen uso de esta tecnología para hacer llegar las imágenes hasta sus abonados. Sin embargo, existen dos tipologías diferentes cuando hablamos de distribución basada en CDN: IPTV y OTT.

El IPTV se trataría de un método de transmisión más similar al que representaba la distribución sobre TDT o satélite de canales de televisión ya que, aunque hace uso de redes de datos para transmitir la información, son redes específicamente diseñadas para ello. Es el caso de Telefónica y servicio Movistar+. Los abonados reciben el contenido en los decodificadores conectados a sus televisores a través de la red de acceso a Internet de Telefónica y dicho descodificador no funciona fuera de esa red. Sin embargo, cuando hablamos de OTT es diferente. Over-The-Top. Los servicios OTT hacen uso de la red estándar de Internet para hacer disponibles servicios multimedia a través de la misma. Servicios como Youtube, Netflix o el servicio de televisión de Vodafone funcionan de esta manera. Da igual desde qué proveedor de Internet o ISP estemos conectados que podremos recibir las imágenes de manera normal, ya sea accediendo a una web como en el caso de Netflix, como con nuestro descodificador como el caso de Vodafone.

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Una red CDN es barata de implantar y existen multitud de proveedores que pueden ofrecer este servicio a nivel mundial con un coste bajísimo comparado con el satélite y la distribución terrestre. Además, el control sobre el medio es absoluto ya que no solo se pueden utilizar reglas geográficas para bloquear la recepción de la señal, sino que podemos utilizar métodos de autentificación de dispositivos y usuarios para controlar no solo dónde sino también quién ve nuestro contenido.

Por último, la flexibilidad sobre la emisión es total ya que podemos activar no solo canales, sino servicios a nuestro antojo: ni siquiera el operador de la red requiere conocer el uso que estamos haciendo de la misma, lo que maximiza el aprovechamiento que hacemos del medio y nos permite personalizar la oferta disponible a través del mismo.

Un último detalle, pero no por ello menos importante. Hemos comentado anteriormente que las redes de distribución terrestre o satelital era unidireccionales, es decir, el espectador recibe la señal de manera pasiva y disfruta de los servicios que le ofrece sin posibilidad de elegir mucho más. Sin embargo, en una red de datos el usuario puede comunicarse con la red, lo cual hace posible ofrecer servicios de video bajo demanda y muchas más posibilidades futuras que los operadores cada vez explotan más gracias a esta nueva manera de transmisión de contenido.

Como podemos ver, las redes de transmisión TDT o de satélite nos ofrecen diferentes características para el mismo tipo de servicio y tienen puntos positivos y negativos fácilmente comparables entre ambas, pero la transmisión basada en redes de datos, CDNs, nos ofrece muchas más posibilidades además con un coste mucho menor. Es indudable hacia dónde está yendo ya la industria audiovisual en estos momentos.

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